Cuando el interés no coincide con el suyo

Lunes, 16 abril 2018 | Redacción CEU

Todos los días tomamos decisiones como empleados, empresarios o directivos, pero también como parte de un colectivo, miembros de una comunidad, integrantes de la sociedad y en el seno de la propia familia. La vida esta llena de momentos en los que es necesario optar por un camino u otro. Estas disyuntivas no siempre son fáciles de resolver. En el sendero laboral es más probable encontrar con frecuencia este tipo de encrucijadas complejas, situaciones donde los profesionales ponen a prueba los límites de la ética y la moral. Son puntos de inflexión que someterán a examen sus valores, principios y fundamentos. ¿Qué tipo de soluciones se pueden adoptar desde el marco empresarial? ¿Cómo garantizar que las decisiones en el seno de una organización no se están tomando en relación a intereses particulares? ¿Cómo puede actuar el profesional que enfrenta un conflicto?  ¿Quién vence a quién en este batalla de intereses?

 

El conflicto de interés es uno de los grandes dilemas sobre los que se cimenta la ética empresarial. En el mundo de los negocios, los profesionales abordan situaciones que miden a diario su compromiso ético. Existen muchos ejemplos. Cuando el directivo de una empresa debe elegir entre un proveedor del que es accionista u otro que sea más adecuado. Cuando el profesional responsable de contratar al personal de la compañía tiene parentesco con uno de los candidatos al puesto que esta ofrece. Cuando un empleado debe aconsejar sobre la pertinente adopción de nuevas tecnologías sobre las que no tiene una formación específica y que podría derivan en la contratación de otro profesional. ¿Cómo manejar el conflicto dentro de la multitud de escenarios que se pueden producir?

El “quién es quién” en la batalla de los intereses

Como el propio término sugiere, el conflicto de interés en el marco empresarial se presenta cuando en el desempeño de una actividad, los intereses particulares de un sujeto se enfrentan a los de otro actor, bien sea un profesional, una empresa, institución u organización, con el que mantiene una  obligación. La correcta capacidad de tomar decisiones en estos escenarios estará influenciada y se verá afectada por los posibles beneficios económicos, laborales o personales que le puedan reportar. En consecuencia, el buen juicio del sujeto en cuestión estará en entredicho.

El conflicto de interés es inevitable. Coyunturas de este tipo se presentan con frecuencia en el transcurso de la rutina laboral de cualquier profesional. Al ser circunstancias habituales en el mundo de los negocios, en algunas ocasiones, no se pone especial atención a su gestión. Sin embargo, estos desatendidos momentos moldean el “quién es quién” tanto del profesional como de la organización. Su mal manejo puede repercutir en graves consecuencias como pueden ser la mala reputación de la compañía, el inicio de un sendero previo al camino de la corrupción o, incluso, la transgresión de la ley. También perfila cuestiones importantes al margen del pragmatismo, como la integridad, la moralidad o la espiritualidad que conforma la seña de identidad de la compañía.

Cuando el interés no coincide con el suyo

¿Cómo actuar frente al conflicto de interés?

Aunque no todos los conflictos de intereses ponen en riesgo la vulneración de los principios éticos de los profesionales, pues en un sentido amplio del concepto puede entrar dentro de esta concepción incluso el propio interés sobre el salario que desea cobrar un empleado y el que quiere pagar el empleador, sí que será la ética empresarial y los valores de los empleados y empleadores los que aseguren el buen manejo de estas situaciones.

Las empresas deben desarrollar una regulación que contemple este tipo de conflictos, diseñada para identificar los riesgos, para evitarlos y cuando sea inevitable que se produzcan, abordarlos. No obstante, por ser precisamente las coyunturas tan particulares como sus protagonistas y diversas como sus escenarios, no siempre se podrán recoger este tipo de circunstancias en la norma escrita. Otra alternativa a la hora de enfrentar estos problemas es designar dentro de la propia organización un Comité Ético o un Departamento de Auditoría Interna que se encargue de este tipo de situaciones cuando se presenten y diseñar políticas de actuación unidas a un código ético dentro de los Consejos de Administración.

Muchas veces, la responsabilidad final sobre la decisión quedará en manos del propio profesional. Por ser disyuntivas habituales pero complejas, no siempre este tipo de circunstancias serán detectadas por los órganos competentes, los responsables, los jefes o los miembros de la directiva. En esos casos, serán los valores éticos del sujeto los que guíen su juicio. Es por lo tanto muy importante el trabajo de las compañías y, particularmente desde los departamentos de Recursos Humanos, en el fomento de una cultura de valores y un código ético sólidos dentro de ellas.

Ante estos conflictos, el profesional puede elegir entre diferentes alternativas como pueden ser delegar la toma de decisión conflictiva en un responsable libre de conflicto, abandonar el interés particular que interfiere en la decisión objetiva, comunicar a un organismo superior la situación para que sea este el que se encargue del asunto o aumentar el nivel de transparencia para mitigar la situación de desequilibrio. Aunque esta última opción es clave para identificar estas situaciones y promover la objetividad y la buena conducta dentro de las compañías, por sí sola no siempre será suficiente para resolver el conflicto.

Cuando el interés de un sujeto no coincide con el del otro, no se debe caer tampoco en la cesión completa del mismo sin un juicio responsable. Por ejemplo, el interés de una compañía frente al de  un empleado puede ser la obtención de un beneficio económico exacerbado sin medida, en un paso previo a la corrupción, alejado de lo ético o en oposición a la norma legal. Actuar de acuerdo a la moralidad, el compromiso con el bien común y la ley será garantía de que el profesional procede libre de conflictos y en conciencia. El buen funcionamiento de los organismos, depende en gran medida de las personas que las integran, por eso es importante para las empresas cuiden tanto a los profesionales que las componen como a sus principios, fundamentos y valores.

En CEU IAM Business School, somos conscientes de la importancia de los valores y del compromiso ético en el mundo empresarial. Por esta razón, hemos diseñado nuestro Global MBA, con el objetivo de que aquellos profesionales que lideren los proyectos empresariales del mañana,  sean  también capaces de hacerlo con un profundo sentido ético de los negocios.