Cuando la Responsabilidad Social Corporativa es real y no cosmética

Lunes, 3 septiembre 2018 | Brenda Rodríguez López

Cada vez más compañías apuestan por adoptar políticas de Responsabilidad Social Corporativa. Este es un concepto que cobra cada día más fuerza dentro del mundo de los negocios. Sin embargo, su implementación no siempre persigue las metas adecuadas, responde a un planteamiento acertado o muestra coherencia con el resto de la actividad empresarial. La falta de cuidado, profundidad, interés o correspondencia en RSC no solo conlleva un detrimento del impacto positivo de la compañía en el exterior, también la pérdida de oportunidades y beneficios empresariales. Su equivocada puesta en práctica incluso puede llegar a ser contraproducente para la propia compañía. ¿Qué factores son determinantes a la hora de apostar por políticas de RSC? ¿Por qué es crucial para la empresa llevar a cabo una buena y eficiente gestión de la responsabilidad corporativa?

 

Durante mucho tiempo, las empresas fueron retratadas como agentes exclusivamente económicos. Este enfoque centrado en el carácter más pragmático de las compañías dejaba fuera de la ecuación algo importante: su gran capacidad para influir en el resto de esferas. Esa visión reduccionista se presenta ahora ante nuestros ojos como obsoleta. Son pocos los que, a día de hoy, cuestionan el papel de las empresas en la sociedad. La cultura corporativa y la actividad empresarial impactan de forma directa y contundente en ámbitos tan diversos como son la política de trabajo y empleo, la prevención y protección de la salud, el cuidado del medioambiente y el desarrollo de su legislación o el impulso de nuevas corrientes y tendencias culturales.

Las empresas son cada vez más valoradas por constituir importantes agentes de cambio del entorno que las rodea, pues son capaces de influir en diferentes dimensiones y marcar un nuevo rumbo que seguir. Llega a ser tal su potencial que se presentan como órganos claves en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Social (ODS). Por supuesto, esta consciencia generalizada de su nuevo papel en la sociedad ha sido clave para que su comportamiento se vea más sometido que nunca al juicio externo, no solo desde una perspectiva legislativa, sino también ética. La actividad de una empresa es un reflejo de sus valores, y estos son cada vez más importantes para los consumidores, sobre todo para aquellos que son más jóvenes.

Fruto de este cambio de enfoque y del creciente interés de los ciudadanos por el comportamiento empresarial, nace en los noventa el concepto de Responsabilidad Social Corporativa (RSC): una nueva óptica que aboga por la gestión responsable de las empresas, teniendo en cuenta su impacto  dentro y fuera de ellas y un marcado sentido de la ética. Desde entonces y con el paso de los años, la RSC ha empezado a ocupar un lugar destacado en la planificación estratégica de las empresas, pero ¿qué ocurre cuando su adopción es impostada o débil? ¿qué sucede si la implementación de políticas de RSC no es sólida y efectiva?

¿Por qué apostar por una RSC real y no cosmética?

Pese a que la visión sobre la responsabilidad empresarial ha ido evolucionando con paso del tiempo, muchas compañías aún no entienden qué relación tiene la buena gestión de este concepto con que  alcancen el éxito en el futuro. No son conscientes del efecto que una real y efectiva apuesta por la RSC puede tener en ellas, tampoco de las consecuencias que tiene apostar por una RSC a medias. La Responsabilidad Social Corporativa no solo tiene un efecto positivo en el mundo que la rodea, sino que también reporta grandes beneficios a la propia empresa. Aunque a veces son más difíciles de cuantificar que otros rendimientos de la empresa, estos también son tangibles.

La Responsabilidad Social Corporativa:

  • Completa y enriquece a los objetivos de las empresa
  • Contribuye al aumento de la inversión
  • Es atractiva. Atrae y retiene talento
  • Mejora enormemente la reputación y la imagen de la compañía
  • Es rentable
  • Hace posible que la compañía sean más competitiva y sostenible
  • Consigue que el nivel de credibilidad y, por tanto, de confianza del consumidor aumente
  • Reduce riesgos y costes
  • Permite que la plantilla se identifique más con la empresa

 

Cuando la Responsabilidad Social Corporativa es real y no cosmética

Consecuencias de una apuesta débil o errónea por la RSC

Como adelantábamos antes, no todas las compañías son conscientes de la importancia del cuidado de la gestión responsable y, por lo tanto, algunas de ellas no se preocupan por la solidez de su enfoque. En algunas ocasiones, el planteamiento de RSC de una empresa puede llegar a ser débil o erróneo. Cuando la implementación de estas estrategias es deficiente o poco cuidada y solo persigue realizar una campaña de buena imagen, a corto plazo su rendimiento económico puede ser bueno, pero también conlleva a largo plazo la pérdida de la confianza del consumidor e, incluso, el compromiso de inversores, colaboradores y trabajadores. Algo similar ocurre cuando la empresa no es coherente y no asume ni se preocupa por el impacto de su actividad empresarial. Por ejemplo, una compañía que está vertiendo productos tóxicos en un río y a la vez defiende en su estrategia de RSC el cuidado del medioambiente, corre el peligro de sufrir una crisis de reputación grave.

La Responsabilidad Social Corporativa no puede ser entendida si no se apoya de un sentido profundo de la ética. Cuando su apuesta no es real sino cosmética, puede resultar efectiva a corto plazo pero no se sostiene en el tiempo. Es por lo tanto importante que las empresas se conciencien del impacto que la RSC tiene tanto fuera como dentro de sus propias puertas. Integrar de forma efectiva la Responsabilidad Social Corporativa requiere de un fuerte compromiso ético y un enfoque sólido que, a su vez, sea transversal. ¿De qué sirve que una compañía destine un 0'7% de su capital a RSC, cuando no cuida el diseño de los proyectos que impulsa ni se preocupa por sus resultados? ¿Qué importa que una empresa apueste por proyectos sociales, cuando descuida los derechos de sus trabajadores? La gestión responsable necesita a la ética como motor. Sin valores ni transversalismo, la RSC se queda solo en una declaración de buenas intenciones.

Los pilares sobre los que edifica nuestra escuela de negocios son dos: liderazgo y ética. Ambos conceptos no pueden ser entendidos sin la existencia del otro, pues a nuestro parecer son complementarios, y además necesarios para enfrentar el entorno digital y global del actual mundo empresarial. En CEU IAM School somos conscientes de la magnitud de los retos que los directivos de hoy en día enfrentan, esta es la razón que nos ha llevado a diseñar nuestro Global MBA: una formación adaptada a los problemas del mundo empresarial actual y cuyo objetivo es formar a los líderes para que sean capaces de superar los obstáculos con éxito, siempre sirviéndose de unos valores y una ética notable.