El desembarco del fenómeno "gig"

Viernes, 6 octubre 2017 | Brenda Rodríguez López

Los años que sucedieron a la crisis fueron decisivos para los profesionales de hoy en día, especialmente para aquellos jóvenes que se acababan de incorporar al mercado laboral. La creatividad, el ingenio y la astucia se convirtieron en sus aliados más valiosos, porque para jugar en aquel escenario laboral incierto, era necesario establecer nuevas reglas. Freelance, trabajadores eventuales, colaboradores esporádicos, cooperativas de profesionales,... Las personas desempeñan ahora roles diferentes y alternativos a los tradicionales. El trabajo ha pasado de ser estable y rígido, a convertirse en eventual y flexible. La economía "gig" está desembarcando en el puerto del mundo laboral. ¿Estamos preparados para su llegada?

 

Buscar constantemente nuevas actuaciones, desplazarse con instrumentos y el equipo a cuestas, mantener y establecer contactos con salas e intérpretes, asistir a audiciones,... Ganarse la vida trabajando como músico no es una tarea sencilla. Tampoco lo era, en los dorados años 20. Los intérpretes de jazz estadounidenses que no tenían un trabajo estable, se veían obligados a "saltar de bolo en bolo" para intentar reunir un sueldo. En numerosas ocasiones, estos músicos eran contratados para actuar junto a otros intérpretes de una banda, aunque de forma eventual. A esta práctica se le puso el nombre de "gigging", una palabra que daría origen a lo que hoy conocemos como economía "gig" o la economía del bolo. Esta es la nueva modalidad de trabajo que se caracteriza –como la actividad tanto de los músicos hoy, como de ayer– por la temporalidad, la independencia y la especialización de los profesionales que la ejercen.

Trabajar desde una cafetería tomando un expreso, decidir cuándo y cómo empezar un proyecto, tener una jornada laboral de tan solo unas horas, desactivar la alarma del despertador, trabajar con diferentes equipos y en diferentes empresas, elegir clientes o convertirse en el propio jefe. Estas son las particularidades del trabajo de un número cada vez más grande de profesionales. Parece un modelo de trabajo ideal, pero como reza la popular frase: <<Nada es perfecto, por eso el lápiz tiene borrador>>.

La profesionalización del bolo

La economía del bolo crece junto a la cultura colaborativa e impulsado por la proliferación de plataformas digitales como Uber, Deliveroo o Freelancer. La crisis fue su caldo de cultivo. Los profesionales y emprendedores decidieron combatir la recesión económica con ingenio; desarrollando nuevas plataformas digitales, explorando otras alternativas laborales, ofreciendo sus servicios como freelance o, incluso, intercambiando su trabajo por el de otros profesionales. Ahora, conductores, repartidores, periodistas, traductores, fotógrafos, carpinteros, músicos, diseñadores gráficos, desarrolladores de software o programadores son solo un ejemplo de algunos de los trabajadores que se unen al fenómeno "gig".

Los servicios para los que son contratados estos profesionales son temporales, pero también se caracterizan por su alto grado de especialización. La temporalidad era común en sectores artísticos, trabajos estacionales y empleos relacionados con el mundo de la construcción. Sin embargo, la inestabilidad laboral ha contribuido a que otros profesionales con un alto bagaje formativo adopten esta tendencia. Cada vez más, ingenieros, abogados, arquitectos o periodistas optan por trabajar a través de proyectos y de forma independiente, porque los ingresos que les reportan son altos, porque tienen una mayor flexibilidad, para salvar obstáculos que encuentran en su sector tradicional o como complemento a su salario. ¿Es este el comienzo de un nuevo paradigma de la profesionalización?

 

El desembarco del fenómeno

¿Cómo será el trabajo del futuro?

Los medios de comunicación rotulan titulares sobre economía colaborativa, luchas entre sectores tradicionales y nuevas plataformas o empresas digitales llamativas, apenas mencionan la llegada de un nuevo paradigma laboral que propicia la cultura compartida, la economía "gig". No obstante, el 72% de los directores españoles de Recursos Humanos considera que la economía "gig" o de trabajo eventual prevalecerá en el futuro –según un estudio de Oracle–. De hecho, el 46% de ellos apunta que ya es una práctica muy extendida contratar profesionales independientes para realizar tareas de alta cualificación.

No son los únicos que opinan que este nuevo paradigma está empezando a tomar fuerza en el ámbito laboral y puede suponer un cambio significativo en el modelo de trabajo. Una encuesta llevada a cabo por Mckinsey Global Institute en EE. UU., Francia, Alemania, España, Suecia y Reino Unido señala que entre el 20% y 30% de la población de estos países se compone de trabajadores independientes –profesionales freelance o que realizan trabajos temporales–. Según este informe, los organismos gubernamentales suelen rebajar las cifras porque no tienen en cuenta el porcentaje de trabajadores que recurren a estas fórmulas como complemento a sus ingresos habituales.

Este nuevo empleo del futuro no establece fronteras claras entre ocio y trabajo; el profesional puede trabajar un día ofreciendo un servicio de transporte y otro, editando una sesión fotográfica; no tiene oficina fija, pueden trabajar en una casa, un avión o una cafetería; el abanico de potenciales clientes se amplía, desde el vecino del quinto hasta una empresa de marketing en Colombia; Internet es su motor y la libertad su mejor aliado. El cambio de modelo se atisba a la vuelta de la esquina, ¿estamos preparados?

Si el futuro que aguarda se vislumbra cada vez más eventual, especializado e independiente, el marco sobre el que se desarrolle deberá evolucionar con él, si esto no ocurre, el trabajo correrá peligro de ser más precario: informalidad laboral, incremento de "falsos autónomos", competitividad desleal, falta de amparo legal,... Un desarrollo profesional discontinuo e independiente, expone a los profesionales a situaciones de desprotección sobre sus derechos laborales, como la imposibilidad de tomarse unas vacaciones o de solicitar una baja por enfermedad. La capacidad de un trabajador independiente de realizar una planificación financiera es mucho más baja que la de cualquier otro. Estos trabajadores eventuales no tienen un acceso fácil a crédito. Además, la falta de estabilidad puede provocar en los trabajadores independientes una sensación de angustia permanente.

Para unos, la economía de bolos es una oportunidad para liberarse de las ataduras mundanales del trabajo tradicional. Para otros, la única solución que tienen para enfrentar los obstáculos que encuentran en el camino. Al mundo de los RR. HH. le queda por delante un periplo apasionante.