El día que dejamos de saber dónde estaban nuestros datos

Lunes, 23 abril 2018 | Brenda Rodríguez López

A diario, y muchas veces de forma involuntaria, compartimos información en los medios sociales acerca de dónde nos encontramos, qué nos interesa, quiénes son nuestros amigos, cuáles son nuestras preferencias musicales, dónde pasamos el tiempo libre, en qué gastamos el dinero,... Esta información es tan valiosa y codiciada como sensible y vulnerable. Los datos se están convirtiendo en bienes muy preciados y pueden cambiar el curso de nuestro destino. Escándalos como el de Ashley Madison o el más reciente de Cambridge Analytica ponen de nuevo sobre la mesa el debate sobre el fenómeno Big Data frente a los límites de la privacidad. ¿Sabemos qué datos estamos compartiendo?, ¿quiénes los custodian?, ¿en manos de quiénes acaban?, ¿cómo se pueden estar utilizando?

 

El gran volumen de datos disponible en la Red, su heterogeneidad y complejidad y la mejora en la capacidad de ser procesados y analizados de forma veloz se han visto reflejados en el nacimiento de un nuevo negocio en el que nuestra información más insulsa se convierte en un producto estrella. Las marcas pueden conocer a través de estos datos cuáles son nuestras preferencias y pautas de consumo, y, de esta forma, ofrecernos justo lo que queremos, en el momento que lo necesitamos y de forma adaptada a nuestros gustos y emociones. A simple vista, podría parecer que tanto los consumidores como las firmas se benefician de forma equilibrada de esta situación. Sin embargo, no todos los miembros de la Red realizan un fair play. Nuestra privacidad podría encontrarse en jaque. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a compartir datos?, ¿hasta dónde a obtenerlos para conocer mejor a nuestro target?

Un escándalo con muchos datos

Los ciudadanos nos convertimos en una fuente constante de información. Pasamos gran parte del día conectados a Internet. Aunque no siempre seamos conscientes de ello, nuestros datos están siendo registrados en todo momento. Estos datos son vulnerables y tan difíciles de custodiar y de proteger como de dejar de producir. Uno de los últimos sujetos en comprobar el alcance que puede tener esta premisa ha sido el propio Mark Zuckerberg, fundador, dueño, presidente y delegado consejero de Facebook, que tras el estallido del escándalo “The Cambridge Analytica Files” ha sido llamado recientemente a declarar en el Senado y la Cámara de Representantes de EE. UU.

El motivo de esta convocatoria es disipar las dudas acerca de cómo la consultora británica, Cambridge Analytica, podría haber accedido, a través de una aplicación, a los datos de cerca de 87 millones de usuarios de la plataforma. Como otras firmas similares, la misión de Cambridge Analytica era la de analizar datos y segmentarlos en grupos para luego ser utilizados por compañías, anunciantes u otras organizaciones. En este caso, diarios como The New York Times y The Guardian publicaron que la filtración habría permitido a la empresa explotar la actividad privada en las redes sociales de un gran porcentaje del electorado de Estados Unidos para desarrollar técnicas que consolidaran su trabajo en la campaña de 2016 del presidente Donald Trump o predecir e influir en el comportamiento de los votantes en las urnas. Esta situación ha provocado una crisis de confianza en la red social y la consiguiente reapertura del debate del uso de los datos y los límites de la privacidad.

Juegos, aplicaciones, test, encuestas o portales de acceso a wifi gratuito. Los datos pueden ser recolectados a través de multitud de herramientas, en principio con nuestro consentimiento. Por supuesto, el ejemplo de Cambridge Analytica se encuentra en un extremo, pero, ¿sabemos realmente quiénes tienen nuestros datos y para qué los están utilizando? Es necesario establecer nuevos “cortafuegos” que protejan a los usuarios y garanticen el buen uso de los datos.

El día que dejamos de saber dónde estaban nuestros datos

Construyendo muros de contención para los datos

El próximo 25 de mayo entrará en vigor el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), una regulación que pretende garantizar unos estándares de protección elevados y adaptados al entorno digital y que será de obligado cumplimiento en la Unión Europea. Aunque su sede esté en cualquier país fuera de Europa, todas las compañías que operen en este territorio tendrán que adaptarse a esta nueva normativa que incluye sanciones que pueden llegar en los casos más graves hasta el 4% de la facturación anual global o a los 20 millones de euros. Facebook no se escapa tampoco a ella. En su blog, la compañía ha publicado una serie de medidas que según la misma tienen el objetivo tanto de cumplir con la ley como de ofrecer nuevas protecciones para todo el mundo, “sin importar donde vivas”. ¿Serán suficientes los cambios planteados por Facebook para garantizar la protección de los datos de sus usuarios?

Facebook está empezando a pedir a sus usuarios que revisen información importante sobre la forma en la que la plataforma utiliza sus datos y toma decisiones sobre su privacidad. Les está planteando cuestiones acerca de la publicidad, si quieren que la plataforma utilice la información obtenida a través sus socios -las marcas que están en Facebook-, por ejemplo, los datos obtenidos gracias a los botones “me gusta” y que son utilizados para mostrarles anuncios por relevancia. Si han compartido información relacionada con la religión, política o relaciones, también les preguntará si quieren seguir compartiéndola o no.

La red social ha expresado en el comunicado cómo la utilización de su tecnología de reconocimiento facial, además de mejorar la experiencia en la plataforma, puede aumentar la protección del usuario, pues permite identificar si otras personas están utilizando su imagen. No obstante, esta función es “completamente opcional”. Entre otras medidas, Facebook anuncia mejoras en las herramientas para eliminar, exportar y descargar datos de forma sencilla y un compromiso especial con la protección de los adolescentes. No obstante, las medidas adoptadas por la compañía han recibido críticas, no son pocos los que las consideran tímidas, tibias o insuficientes.

El desarrollo de nuevas normativas y las medidas de protección de privacidad en las plataformas sociales no son las únicas alternativas planteadas hasta el momento. Algunos han visto en el blockchain la posible solución al problema de los datos. Esta tecnología permite monetizar esa información que ahora se perfila como el nuevo “petróleo” de la economía. Como aborda el artículo “Plata por data”: la fórmula que quiere inquietar a Facebook y Linkedin publicado El País RETINA, nuevos proyectos basados en la cadena de bloques como la criptomoneda de Wibson, el Wibcoin, o un protocolo blockchain denominado Profede pueden ser parte de la receta que permita a los usuarios recuperar el control de sus datos.

En CEU IAM Business School estamos comprometidos con una formación alineada y adaptada a las nuevas realidades y tendencias presentes en nuestra sociedad. Por esa razón, entre las diferentes titulaciones que se ofertan, encontramos desde un Programa Avanzado en Delegado de Protección de Datos (DPO) Online, para preparar a los profesionales que deberán garantizar el cumplimiento de esta nueva regulación europea, a un Programa Avanzado en Big Data y Visual Analytics (también se oferta esta titulación en modalidad en línea), donde se trabaja desde la perspectiva de los datos como activos estratégicos siempre desde un fuerte compromiso ético.