El factor humano del Compliance

Martes, 5 diciembre 2017 | Redacción CEU

Es el nuevo concepto de moda en el mundo empresarial. Las agendas de grandes y pequeñas firmas empiezan a apostar por el cumplimiento normativo. Ninguna compañía está exenta de que alguno de sus empleados trate de sobrepasar los límites de la legalidad, pero puede estar preparada para minimizar los riesgos de que se produzca un potencial delito. Las firmas han encontrado en esta nueva disciplina la fórmula para combatir la corrupción y las malas prácticas empresariales desde dentro. ¿Es el Compliance una moda pasajera o un sistema vital en las empresas? ¿Por qué parece tan importante? ¿Qué relación tiene con los Recursos  Humanos?

 

El cumplimiento normativo ha empezado a preocupar tanto a PYMES como a grandes empresas. Las compañías también tienen responsabilidad en los delitos de corrupción y las malas prácticas que ocurren "bajo su techo". Los infractores directos, si también son sus empleados, no serán los únicos responsables de estas transgresiones. Esa es, al menos, la idea que da origen a las reformas que se introdujeron en el Código Penal en 2010 y 2015 sobre la responsabilidad penal de las personas jurídicas. Las compañías deben supervisar a los trabajadores y disponer de un programa de prevención para reducir el riesgo de que se produzcan delitos. De no ser así, se exponen a graves riesgos, como evidencian ya algunas sentencias españolas.

¿Qués es Compliance?

Esta disciplina nació en el mundo financiero. Un escenario complicado que requiere de un extenso y complejo desarrollo normativo. Las entidades financieras necesitaban proteger a sus organizaciones de los posibles incumplimientos de la ley. Para ello, tenían que contar con una ayuda jurídica especializada. Si querían cumplir el marco normativo, necesitaban conocerlo a fondo. Era necesario crear una red de seguridad que se dedicasen en exclusiva al desarrollo y supervisión de un sistema de identificación, prevención, control, adopción de soluciones y asesoramiento dentro de las compañías. Aunque en un primer momento, fueron las empresas con filiales en el extranjero las únicas que integraron estos nuevos sistemas, cada vez más empresas nacionales de todo tipo, grandes y pequeñas, están empezando a adoptar medidas que impulsan el cumplimiento normativo de sus empresas.

Es evidente que el Compliance es tendencia, incluso ha sido elegido el tema jurídico del año, no por ello tiene que ser un tema pasajero. Mantenerse al día con las exigencias legislativas en el mundo laboral es todo un reto para las empresas. Necesitan ayuda para comprobar que definitivamente están cumpliendo con la ley –que cada vez se complica más debido a la globalización– , minimizar riesgos, establecer modelos de prevención y control efectivos, y para que, en caso de tener que plantarse delante de un juez, puedan demostrar que el sistema que utilizaban era eficaz y suficiente. El buen ejercicio del cumplimiento normativo pretende que nadie puede poner en duda que se haya hecho todo lo posible para cumplir con el marco regulatorio vigente.

El factor humano del Compliance

El "Compliance" con factor humano

Aunque el Compliance es una materia jurídica, tiene un gran peso en el ámbito de los Recursos Humanos. La pasada semana el CEU Institut for Advanced Management abrió sus puertas para acoger el evento Cómo saber si tu sistema de Compliance funciona. Los ponentes establecieron en él una estrecha relación entre el cumplimiento normativo de las empresas y su capital humano. Para la Asociada con experiencia en Compliance, Carla Leggett Carillo, el cumplimiento normativo es una forma de entender dónde está la empresa en términos de factor humano: <<el "compliance" definitivamente puede ser una oportunidad para la empresa, una oportunidad para entender su factor interno; quién es el factor humano, qué tipo de alineación ética tiene, qué tipo de cultura y, además, hacia qué cambios (se dirige). Si entendemos el capital humano de nuestra empresa,¿seremos capaces de explotarlo?, ¿seremos capaces de mejorar como empresa?, ¿de mejorar en en temas de productividad?, ¿en temas de oportunidades de mercado?>>.

La reputación de la empresa también está muy vinculada al cumplimiento normativo. El Responsable de Control de Fraude (LFCO) en AXA Seguros Generales, Álvaro José Ibáñez Díez, argumenta que un inversor estará siempre más dispuesto a apostar por una empresa "integra y ética" que le aporte confianza: <<la deontología está relacionada con ese valor añadido de cara al mercado>> .Por ejemplo, un cliente que tenga una oportunidad de invertir en una compañía que afronta un litigio por sobornar a un funcionario público, será más reacio a hacerlo que antes, porque la empresa tiene ahora su imagen deteriorada. Las compañías se arriesgan a perder credibilidad en el mercado, si no cuidan el cumplimiento normativo.

Uno de los grandes retos del Compliance es el adecuado tránsito de un sistema basado en normas escritas hacia un modelo de valores tangibles. Las empresas se preocupan por reclutar talento, pero  también es clave que los trabajadores que seleccionen estén alineados con la cultura corporativa de la empresa, porque según sean los valores de estos, así será su comportamiento. En el caso de los empleados que ya trabajan en ella, se puede alcanzar esta alineación con formación, seguimiento, evolución y supervisión. El Trainer en Compliance de Impact on Integrity, Enrique de Madrid-Dávila, explica la relación entre el concepto de "compliance" y la cultura de valores a través de un símil con un coche de carreras, no se puede tener un motor "bestial", sin frenos –Compliance– porque el coche puede correr tanto como puede frenar: <<de la misma manera, no puedes tener un factor humano dirigido a objetivos muy fuertes que no tengan una integridad o una ética porque en alguno vas a caer>>. Cuantos menos problemas tenga la compañía, mejor será su eficiencia.

Integrar y contemplar los diferentes perfiles de trabajadores es esencial para conseguir una plena adaptación de la cultura de valores de cualquier empresa. En el mundo laboral actual, conviven cuatro generaciones distintas: tradicionalistas –reacios al cambio–, "baby boomers" –dedicados al trabajo, opositores al cambio–, Generación X –equilibrados, un puente entre generaciones– y millennials –adaptados a los cambios tecnológicos–. El código ético de las compañías tiene que tener en cuenta a todos ellos. Si no lo hace, no será eficiente. Las normativas deben contemplar, por ejemplo, el uso de redes sociales, sin dejar atrás los hábitos más convencionales.

Algo que distingue a una empresa exitosa de otra es la calidad de su capital humano. Las empresas son un fiel reflejo de las personas que trabajan en ellas. Como el experto japonés en calidad, Kaoru Ishikawa, dijo una vez:

<<ninguna empresa puede ser mejor o peor que las personas que la integran>>