El imperativo de las “soft skills” en la era del cambio

04-06-2018 | Brenda Rodríguez López

Durante muchos años, el entorno empresarial ligó la excelencia de los profesionales a su cociente intelectual. Los resultados académicos y las títulos eran decisivos a la hora de reclutar talento y en la promoción de las carreras de los profesionales. Investigadores, expertos y corporaciones miran ahora en otra dirección. Muchos de ellos plantean que las habilidades blandas son tan necesarias e imprescindibles como lo son también las técnicas o académicas. Incluso, aunque resulte paradójico, en muchas ocasiones las “soft skills” pueden resultar más valiosas que estas últimas a la hora de enfrentar los cambios de la transformación digital y la revolución industrial, ¿por qué?

 

Antes estaban relegadas a un segundo plano. El mundo de los negocios las miraba con cierto escepticismo o chanza. Ahora, las “soft skills”, habilidades blandas ligadas a la inteligencia emocional de los profesionales , comienzan a ocupar la agenda en la gestión de las empresas. El foco en las corporaciones se pone en materias como la empatía en el liderazgo, la conciencia social, la gestión de relaciones, la confianza, la capacidad de atención y escucha, la proactividad, la autonomía o la gestión del tiempo. Las firmas ya no se guían tanto por los méritos académicos de los candidatos a la hora de reclutar talento, sino por sus habilidades actitudinales y psicosociales.

Un entorno global y en continua evolución

El entramado empresari al no solo está evolucionando en términos tecnológicos, también experimenta los efectos de la irrefrenable globalización. Las fronteras geográficas se diluyen y tanto grandes como pequeños apuestan por la internacionalización. La capacidad de los profesionales de trabajar con personas, equipos y organizaciones en culturas y sistemas diferentes a los propios se vuelve crucial. Las diferencias culturales, sociales y lingüísticas pueden ser un hándicap a la hora de establecer relaciones con otros o gestionar equipos fuera de las fronteras naturales. Enfrentar la falta de entendimiento y los prejuicios en este escenario es complejo. Es ahí donde entran en juego competencias como la empatía, la apertura de mente, la comuni caci&oac ute;n, la flexibilidad o el respeto.

 

Por otro lado, los profesionales se ven obligados a reciclarse una y otra vez y a estar abiertos al aprendizaje continuo para poder desvolverse adecuadamente en un entorno laboral que no para de cambiar. Aparecen nuevas tecnologías, diferentes dinámicas, numerosas herramientas y también problemas con los que nunca antes habían lidiado. Los trabajadores tienen que poner en práctica sus habilidades blandas para ser capaces de actuar de forma eficaz y adaptarse a este nuevo ecosistema.

La última Encuesta Anual de Millennials realizada por Deloitte ha pu esto el foco sobre lo poco preparadas que se sienten las generaciones más jóvenes para abordar el reto de la cuarta revolución industrial. Los milénicos requieren una mayor orientación por parte de las compañías para enfrentar este gran cambio. Solo el 36% de los millennials y 42% de los centennials considera que sus empleadores los están ayudando a entender bien y a estar preparados para los cambios que se avecinan. Curiosamente, estos jóvenes demandan más allá de competencias técnicas, un mayor esfuerzo corporativo a la hora de construir “soft skills” como la confianza, habilidades interpersonales y, en particular la Generación Z, actitudes éticas e integridad.

La empatía entra en la oficina

Una de las materias que más atención está centrando en el campo de los Recursos Humanos y en relación a la inteligencia emocional es el tema del liderazgo empático. Según el último Workplace Empathy Monitor, elaborado por Businessolver, el 87% por ciento de los directores ejecutivos creen que el desempeño financiero de una empresa está vinculado a la empatía en el lugar de trabajo, así lo considera también un 79% de los profesionales de recursos humanos. Sin embargo, todavía existe una tendencia a pasar por alto la atención a la empatía dentro de las empresas.

Cabe destacar que ser empátic o no imp lica la cesión ante la voluntad o la necesidad del otro, tampoco se trata de pasar de ser percibido como un compañero a un amigo, sino de encontrar un equilibrio. La empatía se construye sobre el entendimiento y la compresión del otro, la observación y la práctica de la escucha activa. No supone la renuncia a las creencias, valores o costumbres. Como plantean Theano V. Kalavana y Philios Andreou en el artículo Finding the right level of empathy la empatía en los negocios debe tender a la búsqueda del equilibrio para lograr alcanzar resultados positivos.

El imperativo de las “soft skills” en la era del cambio

¿Por qué son tan valiosas las "soft skills"?

Un título no implica un mejor desempeño del trabajo, como defiende el gigante Google en sus procesos de contratación. Por el contrario, las habilidades blandas abonan el terrero para que los profesionales pueden adaptarse de forma más rápida y eficaz a los cambios dentro de los ambientes laborales. Estas competencias son beneficiosas tanto para los directivos y mandos intermedios, como para empleados.

Mientras que las competencias técnicas pueden ser aprendidas, el proceso de integración e incorporación de habilidades blandas implica más tiempo y es complejo, pues en parte conforma la personalidad de las personas y estas no son siempre aptitudes innatas, lo que dificulta la tarea de desarrollo. Esta es una de las r azones por las que sean factores claves a ten er en cuenta en el reclutamiento de candidatos. No obstante, estas habilidades se pueden trabajar y, sobre todo, pueden ser impulsadas por las corporaciones.

En un entorno empresarial en constante cambio es fácil que el estrés aparezca en las organizaciones. Las habilidades ligadas a la inteligencia emocional son ideales para mantener el estrés dentro de unos límites y que los trabajadores no acaben sufriendo el conocido como síndrome de “burnout” (síndrome del trabajador quemado) caracterizado por el desgaste profesional, el cinismo o la falta de motivación. No cabe olvidar, que las empresas son el reflejo de las personas que las integran.

< p style= "text-align:justify">Uno de los errores más habituales en el enfoque del trabajo es dar prioridad a los resultados económicos frente a las relaciones en el marco de la empresa y ejercicio profesional. A medio y corto plazo, un liderazgo basado en la consecución de los objetivos que no tenga en cuenta a los equipos puede alcanzar resultados óptimos, pero este rendimiento no se mantiene en el tiempo. Un liderazgo de este tipo debilita al equipo, enrarece el clima laboral y propicia la fuga de talento. El cuidado de las relaciones en el trabajo no es cuestión baladí. Las habilidades blandas son más importantes de lo que su nombre sugiere.

 

En CEU IAM Business School somos conscientes de que los líderes pueden perder su eficacia si no saben gestionar de forma adecuada la desmotivación en los equipos, los tiempos, las actitudes negativas o los incidentes y contratiempos. Por esa razón, hemos diseñado un Programa Avanzado en Inteligencia Emocional para la Gestión de Equipos enfocado en la promoción de estas competencias de forma tanto interna como externa.