El miedo no genera rentabilidad

Lunes, 12 junio 2017 | Redacción CEU

No le gusta correr riesgos, mucho menos después del batacazo que se llevaron algunas empresas tras la crisis. El inversor español tiene un perfil conservador y el desarrollo de nuestra economía carga con ese peso. España figura en los últimos informes como el peor inversor de las cinco grandes economías europeas. ¿Estamos a tiempo de cambiar esta tendencia?

Según los analistas financieros, las familias españolas están cambiando su modelo de inversión. Han pasado de invertir en depósitos a invertir en fondos de bajo riesgo. Es la primera vez tras la crisis que cambia esta tendencia. No obstante, la prudencia manda. El declive económico ha pasado factura y aún cuesta volver a confiar en la inversión.

En el estudio Evolución del ahorro de las familias llevado a cabo por Finanbest en colaboración con Analistas Financieros Internacionales (AFI), España figura como el país que peor invierte de las cinco grandes economías de Europa –compitiendo con Francia, Italia, Reino Unido y Alemania–. Pese al cambio de tendencia en el ahorro, solo un 6% de las familias utiliza el fondo de inversión –el único de los cinco países que no supera el umbral del 10%–.

Los inversores más conservadores se enfrentan ahora a una encrucijada. El tipo de interés de los depósitos nunca ha sido tan bajo. Los analistas sitúan la remuneración percibida en un 0,11%. Una cifra muy alejada de la media de interés por depósito de 2012 que alcanzaba un 2,83%. Está claro que si el inversor español quiere obtener una mayor rentabilidad, tendrá que cambiar.

Esta tendencia de inversión conservadora no se observa solo en nuestro país, también se percibe a nivel internacional, aunque en menor grado. Pese a que las perspectivas económicas mejoran y los pronósticos tras las elecciones holandesas y francesas son mucho más positivos en la Eurozona, los inversores se siguen aferrando a invertir en "valores refugio" como el oro y el bono alemán –señalados como los productos más seguros del mercado–. No obstante, la gestora de JP Morgan señala que la perspectiva para Europa es <<positiva>> aunque los inversores se estén mostrando <<relativamente prudentes>>.

El inversor temerario

El análisis de Finanbest también llama la atención sobre la falta de asesoramiento de los españoles a la hora de invertir. Parece que les cuesta encontrar el punto medio; o muestran aversión al riesgo, o lo asumen todo sin tener la información adecuada. Esto último implica un gran peligro, conlleva la posible destrucción del patrimonio y genera una mayor desconfianza en el mercado.

Este perfil de inversor temerario también se observa en el mundo de los business angel. Una conversación del diario Expansión con Luis Martín Cabiedes, uno de los inversores de startups más reconocido de este país, recoge su preocupación por la falta de formación y rigor entre algunas figuras del panorama económico actual. Él mismo reconoce: <<Antes, cuando se invertía en una startup se preguntaba "¿por qué sí?" ahora lo que se plantea es "¿por qué no?". Creo que se ha producido un relajamiento en los procesos de "due diligence" y en la inversión>>. 

¿Para qué estudiar finanzas?

El último informe PISA es demoledor en cuanto a la educación de los jóvenes en finanzas. Uno de cada cuatro jóvenes carece de conocimientos básicos en esta materia y tiene dificultad para interpretar una factura. El rendimiento escolar ha descendido desde 2012, cuando España obtuvo una puntuación de 484, ahora tiene 469 –alejada de la media de los países miembros de la OCDE que es de 489–. Estos datos son preocupantes si tenemos en cuenta que el futuro de las finanzas recae en las manos de esta generación.

No es una condición indispensable tener conocimientos financieros para ser un emprendedor –aunque si muy aconsejable–. Sí que lo es, si este quiere convertirse en un inversor –o al menos disponer de asesoramiento–. El error más frecuente entre los empresarios españoles es echar a volar antes de tiempo. El desconocimiento de las herramientas financieras acarrea la mala gestión del dinero. Una de las opciones para obtener el background educativo necesario es estudiar un Máster Ejecutivo en Finanzas como el que se imparte en el Institute for Advanced Management. Las inversiones exitosas no aparecen por cuestión de suerte, antes hay que preparar el terreno. Por otro lado, el inversor debe seguir una formación continua, porque el mundo de las finanzas así lo exige. Si no, se quedará atrás.

El miedo no genera rentabilidad

¿Cómo convertirse en un genio de las finanzas?

Tras la crisis, es más difícil conseguir rentabilidad alta a corto plazo. La única opción para combatir esta situación consiste en cambiar el modelo de inversión. No se trata de convertirse en un genio de las finanzas, se trata de combatir el miedo. 

¿Por qué perder el miedo a invertir?

  1. Existe la convicción generalizada de que invertir en un depósito a plazo fijo no supone un riesgo. Pero también se pierde dinero con este tipo de inversión. Factores como la inflación son claves en este punto. Para conocer más sobre este tema puedes leer este artículo.  
  2. La rentabilidad siempre está ligada al riesgo que se asume. Si no arriesgas, no ganas. Tampoco se debe llevar esta premisa al extremo. Si inviertes, hazlo con cabeza, fórmate o asesórate.
  3. Uno de los ingredientes indispensables de un buen emprendedor es su capacidad de innovar. Tiene que romper en muchas ocasiones con las normas establecidas y, por supuesto, estar dispuesto a asumir riesgos. Puedes acceder al video de la masterclass de Jenifer L. Jhonson titulada Born to disrupt: the ingredients of becoming a social entrepreneur donde se trata este tema.
  4. La diversificación es la mejor forma de reducir el riesgo de invertir. Es la opción más rentable de ahorro. Invertir en los productos oportunos, en un tiempo concreto y nunca perder de vista el objetivo.

Todo lo que uno quiere conseguir se encuentra fuera de su zona de confort. Este principio no es sólo una norma financiera, es un método que se puede aplicar a todo. Para combatir el miedo sólo tenemos dos motores: ilusión y necesidad. La mejor alternativa es elegir el primer motor antes de que sea tarde.