El mito sobre la opacidad empresarial

Lunes, 18 junio 2018 | Redacción CEU

Es tan estrecha la relación entre ética y transparencia que algunos llegan a utilizar estos términos de forma indiferente. No es extraña esta asociación si se tiene en cuenta que cuando la ética guía el comportamiento de una empresa, la opacidad puede ser concebida más como un obstáculo que como una herramienta útil. La transparencia está ligada a conceptos como la confianza y la responsabilidad, y no solo es exigible en el ámbito público, también empieza a serlo en la esfera de lo privado. ¿Qué consecuencias acarrea la opacidad en las empresas? ¿Por qué las compañías transparentes se consideran más eficientes y competitivas? ¿En qué consiste el mito de la opacidad empresarial?

 

Las empresas no ganan nada siendo opacas, más bien pierden. La mentira tiene las patas cortas. En cambio, la verdad es una herramienta poderosa. Cuando una empresa cierra sus puertas a la información, no está protegiendo nada. En caso de no haber presentado un comportamiento ético razonable, está alargando su agonía. Si no tiene nada deshonroso que esconder, está perdiendo una oportunidad. Una estrategia empresarial basada en la opacidad puede conseguir ocultar la mala praxis a corto y medio plazo. Sin embargo, esta lógica no se puede sostener en el tiempo. Cae por su propio peso. Más si tenemos en cuenta que vivimos en un entorno cada más conectado y caracterizado por la transformación digital.

Desmontando el mito

Entre los argumentos que se esgrimen contra la transparencia se encuentran la carga de trabajo adicional que conlleva facilitar esa información, el posible compromiso de los intereses económicos, la pérdida de competitividad como consecuencia de desvelar cierta información, la tensión que puede generar la sobrexposición del trabajo en algunos profesionales o la promoción de una cultura de la culpa. Estos razonamientos son menos consistentes cuando se contraponen a los que defienden la apertura informativa:

  • La lucha férrea contra la corrupción
  • El respeto al medioambiente y a los derechos humanos
  • La garantía del cumplimiento de los compromisos adquiridos y las responsabilidades adoptadas
  • El control sobre el abuso de poder de algunas compañías
  • El considerable aumento de la confianza de los trabajadores y clientes
  • La mejora de la imagen corporativa

A pesar de las reticencias de algunos empresarios a compartir más allá de lo estrictamente marcado por la ley los resultados de su trabajo, los asuntos que guardan relación con el desarrollo de su actividad, las cifras o el comportamiento de su empresa, la transparencia puede llegar a ser una gran aliada en la estrategia de cualquier compañía. Existen tanto defensores de la transparencia radical como aquellos que reclaman una mesura y cuidado en su puesta en práctica. No obstante, sea cual su postura, la mayoría de expertos coincide en los beneficios que un adecuado impulso de la transparencia puede aportar a las empresas.

El mito de la protección que aporta la opacidad empresarial es tan falso, como infranqueable se muestra la empresa que lo defiende. Por supuesto, transparencia y ética no son sinónimos. Una empresa puede ser transparente y, sin embargo, no seguir un comportamiento ético. Pocas serán las ventajas entonces que obtenga al mostrarse tal como es. De todos modos, si esta empresa oculta su comportamiento por miedo a las consecuencias, se resentirá en su estructura interna y no podrá evitar que a la larga afloren los efectos de su conducta irregular. Es muy difícil alcanzar un clima de unidad cuando se construye una cultura empresarial sobre el engaño, la codicia, la injusticia, la cobardía, el exceso de riesgo o la falta de preocupación por las consecuencias.

Para que sea útil, la transparencia debe estar acompañada inexorablemente de la ética. Cuando las decisiones se toman en base a unos valores sólidos, el ejercicio de la transparencia no solo ayuda a promover, tanto dentro de la compañía como fuera, estos principios y contribuye a construir una sociedad mejor, también posiciona a la empresa como una organización digna de merecer confianza y le confiere prestigio y una buena reputación. Esto a su vez, le hace ser percibida como una empresa más eficiente, y por ende más competitiva.

Cuando se cuida la cultura de valores y se acompaña a esta con una política de transparencia, la empresa demuestra una actitud valiente, pero también camina sobre terreno seguro. Apostar por transparencia significa apostar por la propia compañía. Uno de los grandes desafíos del entorno empresarial es convencer al conjunto de profesionales de que esta premisa es cierta.

El mito sobre la opacidad empresarial

Las personas demandan transparencia

Una empresa es fuerte cuando todos sus miembros trabajan en la misma dirección. Para construir un objetivo común, es indispensable ofrecer un clima de comunicación abierto donde se practique la escucha activa y se puedan manifestar opiniones discrepantes. De no ser así, será difícil que el personal de una empresa se involucre al mismo nivel que lo hacen sus máximos responsables. Los trabajadores no se identificarán con la organización.

Cuando una compañía es transparente, los profesionales que trabajan en ella desarrollan un sentimiento de pertenencia a esta. Por otro lado, es complicado seguir el camino marcado cuando nadie explica el porqué de las cosas, cuando no se tiene acceso a los números, cuando no hay espacio para el debate o cuando no se comparten ni los progresos alcanzados ni los problemas que surgen al avanzar. La transparencia genera confianza, crea unidad y cohesión y despeja la incertidumbre dentro de las organizaciones.

Las empresas son el reflejo de las personas que las componen, pero también del efecto que tienen sobre la sociedad que las rodea. La sociedad ha cambiado. Ahora está más concienciada con los problemas relacionados con la ética y tiene la posibilidad de interactuar de tú a tú con las empresas. Un comentario en una red social puede producir una respuesta viral y una consecuente crisis de reputación. Las empresas transparentes están también más expuestas, pero también tienen una mayor capacidad de respuesta y son creíbles. Por otro lado, el silencio por respuesta, suele implicar la asunción de lo señalado.

La sociedad ya no solo exige una mayor claridad y responsabilidad por parte de las instituciones y organismos públicos, también extiende esta demanda al ámbito empresarial. En CEU IAM Business School apostamos por una formación completamente adaptada a aquello que requiere el entorno empresarial actual, prueba de ello es nuestro Global MBA que parte de la premisa de que el mundo de los negocios no solo puede ser un fin, sino también un medio para lograr un mundo más justo y sostenible.