La mala costumbre de ir al trabajo y no trabajar

Lunes, 22 octubre 2018 | Redacción CEU

Empleados que esperan a que su jefe se vaya de la oficina para concluir su jornada laboral. Otros que consultan continuamente su teléfono para comprobar que no tiene mensajes pendientes en los grupos de Whatsapp. Aquellos que ante la falta de tareas disimulan por miedo a que su puesto de trabajo deje de ser necesario y corran el peligro de ser despedidos. Todos ellos son ejemplos reales y fáciles de encontrar en las plantillas que conforman el actual escenario empresarial de nuestro país. El presentismo es un fenómeno arraigado en España, pero no por ello menos inocuo. ¿Cuáles son las consecuencias de tener un sistema de trabajo basado en el presentismo? ¿Cómo combatir los grandes males de “estar en el trabajo y no trabajar”?

 

La semana pasada Adecco compartía una encuesta elaborada a partir de 560 entrevistas a directivos y responsables de recursos humanos que concluía que en el 43,7% de las empresas españolas se detecta un abuso del presentismo por parte de los trabajadores. Siendo este un mal que ha aquejado la salud de las compañías de nuestro país durante muchos años, sorprende que las cifras en lugar de bajar, no paren de crecer: cada vez son más las organizaciones que confiesan percibir síntomas de este fenómeno en sus plantillas.

¿Por qué el presentismo está tan presente?

Antes de abordar las diferentes razones que se encuentran detrás de un modelo de trabajo presentista, es necesario profundizar en qué entendemos por "presentismo". Este concepto alude a la presencia física pero inactiva del empleado en su lugar de trabajo, es decir, el trabajador dedica parte de su jornada laboral a realizar otras funciones que nada tienen que ver con el cargo por el que ha sido contratado o simplemente a no hacer nada; utilizando un término muy nuestro, solo se limita a "calentar la silla".

El presentismo es por tanto la antítesis del absentismo, pues el trabajador nunca deja de acudir a su lugar de trabajo. No obstante, sus efectos son tan nocivos como los de no presentarse en este: descenso de la productividad y eficacia, desmotivación de la plantilla, síndrome de burnout o del trabajador quemado, posible contagio de enfermedades, bajo nivel de calidad, aumento del número de accidentes de trabajo, proliferación de conflictos entre compañeros, fuga de talento, menor capacidad para atraer nuevos profesionales, estrés laboral, resultados pobres, etc. Estas razones son más que suficientes para hacer reflexionar a los líderes y los profesionales de RR. HH. sobre cómo conseguir mitigar estos efectos y combatir sus causas.

 

La mala costumbre de ir al trabajo y no trabajar

¿Qué aspectos favorecen el impulso del presentismo laboral?

Uno de los errores más habituales de las compañías es valorar el trabajo de los empleados en función del tiempo que estos dedican a trabajar. Este es un rasgo que se ha visto favorecido por la cultura del control presencial que impera dentro de las empresas. Sin embargo, que los trabajadores se encuentren en el lugar de trabajo durante un periodo de tiempo determinado no garantiza ni que sean más productivos ni que obtengan mejores resultados. De hecho, más bien plantea un escenario en el que se puede dar el caso contrario.

La principal causa de presentismo está relacionada con el uso de Internet, redes sociales y correo electrónico para asuntos personales. Al menos, eso es lo que señala, en el informe de Adecco, el 90% de empresas que confiesa tener empleados presentistas en sus plantillas. De acuerdo con el mismo estudio, en orden de mayor a menor importancia, se encuentran las siguientes razones: los descansos para tomar café, desayunos o almuerzos, el tabaquismo, el incumplimiento del horario de la jornada laboral y las ausencias breves y repetitivas.

La inseguridad laboral es otro interruptor que enciende el presentismo. Cuando un empleado sospecha que su puesto de trabajo corre peligro, se siente vulnerable y apuesta aún más por esta práctica; en gran parte debido a esa cultura del control que todavía esta afianzada en muchas empresas. Esta es la razón por la que, en algunas ocasiones, los trabajadores al estar enfermos no solicitan la baja y siguen acudiendo a trabajar. También puede darse el caso contrario, cuando los empleados que llevan mucho tiempo trabajando para la compañía, arropados por la sensación de seguridad e impunidad que tienen, perpetúan un sistema en el que las malas prácticas se repiten con frecuencia.

La falta de motivación también alienta la conducta del “estar y no trabajar”, por ejemplo, cuando el trabajador no se siente reconocido o los jefes fijan metas que este considera inalcanzables. Asimismo, las jornadas laborales excesivamente largas y la sobrecarga de trabajo pueden contribuir a originar este fenómeno, pues el profesional puede sentirse abrumado y acabar bloqueándose. Otro de los desencadenantes frecuentes de este problema es el mal clima laboral, que tiene como su variante más extrema el acoso laboral. Por último y no por ello menos importante, el cuidado de los hijos o de personas dependientes, papel que asumen principalmente las mujeres, también es otro factor que puede llevar al presentismo.

La tendencia alcista de este fenómeno en nuestro país evidencia que todavía no se ha puesto el foco en dar una solución efectiva a este problema. Es verdad que algunas compañías intentan frenar este tipo de comportamientos. Aun así, sus medidas suelen limitarse a establecer normas acerca del control de entrada y salida de los empleados o restricciones sobre el uso de Internet y el correo electrónico. Los expertos reconocen que para conseguir reducir el presentismo las compañías tienen que recurrir a otras fórmulas:

  • Impulsar la flexibilidad horaria y la conciliación laboral
  • Orientar el trabajo a la consecución de objetivos y resultados
  • Optar por nuevas alternativas como el teletrabajo
  • Favorecer la cultura de la transparencia
  • Descentralizar la toma de decisiones
  • Reducir el tiempo de las reuniones
  • Evitar enviar correos en copia a quien no sea necesario
  • Ajustar la jornada laboral al tiempo oportuno
  • Hacer sentir a los empleados que son parte de la compañía
  • Incentivar la buena relación entre compañeros
  • Vigilar la salud de la plantilla y propiciar su cuidado
  • Escuchar al personal y establecer canales de comunicación en ambos sentidos
  • Poner más atención a la planificación y organización del trabajo

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