Liderar e inspirar a través del ejemplo

19-03-2018 | Redacción CEU

El mejor líder no es aquel que sabe hacer todo o aquel que eleva más la voz. No es aquel que toma la batuta de mando con más fuerza, ni aquel que más que como un jefe se comporta como un amigo. El buen líder no solo es un visionario, una fuerza guía, un magnífico gobernante y un gran comunicador, es también aquel que inspira a sus empleados a través del ejemplo. Cuando el capitán del barco prioriza cuestiones como la llegada a puerto a tiempo de una mercancía antes que la seguridad de los ocupantes del navío, a nadie le llama la atención que sus tripulantes no le muestren ni el mínimo atisbo de lealtad y que, en algunas ocasiones, ya ni siquiera esté presente entre ellos. Como en alta mar, en tierra firme, el compromiso ético de los directivos tiene un reflejo real en los miembros de su organización.

 

La corrupción podría ocupar una sección propia en los diarios. Son numerosos los escándalos financieros que copan las portadas de periódicos y abren los noticiarios de medio mundo. En el mundo empresarial son frecuentes casos de abuso de poder, evasión fiscal, creación de cárteles, manipulación de precios o fraude. En otras ocasiones, aunque las técnicas que utilicen algunas compañías no sean explícitamente ilegales, pueden ser, a su vez, cuestionables. Un buen ejemplo de ello son técnicas como el clickbaiting o la difusión de fake news tan de moda este pasado año en medios digitales. Todos estas prácticas evidencian que para algunos las metas económicas prevalecen ante las cuestiones éticas.

Un directivo que no presente un fuerte compromiso con valores como la honestidad, la justicia, el respeto, la igualdad o la integridad, será difícil que encuentre esas virtudes potenciadas entre los miembros de su organización. De nada sirve la extensa y minuciosa elaboración de un código deontológico en una compañía, si nunca nadie nunca vuelve a hablar de él en el desempeño de la rutina diaria del trabajo. Su utilidad es aún menor, si además estos preceptos no solo se olvidan, sino que se enfrentan en dirección contraria. Entre otros quehaceres, el jefe tiene la importante misión de promover la cultura de valores de su organización. Esta tarea no consiste en enumerar una lista de características ideales de sus trabajadores y de conductas prohibidas en su empresa ante la atenta mirada de los propios empleados. Un líder encarna la figura que garantiza que en su empresa las cosas se están haciendo bien y el primer paso para conseguirlo es servir con el ejemplo.

El empleado es el reflejo del jefe

Las acciones de los jefes imponen, muchas veces sin pretenderlo, una pauta de conducta a sus empleados. En la mayoría de ocasiones, ellos son el fiel reflejo de su comportamiento. Si el propio jefe no pone atención a un tema, ¿quien va a considerar que este sea importante? Si el propio jefe hace algo mal, ¿por qué lo va hacer el resto bien? Muchos empleados continúan manteniendo sus valores inalterables independientemente del ambiente que les rodee, pero en un entorno ensombrecido por la mala praxis es probable que las fronteras se transgredan fácilmente, puede que hasta en algunos casos el propio trabajador no comprenda que una conducta concreta no sea la adecuada. En otras ocasiones, estos trabajadores íntegros se verán presionados por el ambiente, e incluso por el propio jefe, para actuar en contraposición a sus propios fundamentos.

Si tenemos en cuenta que caminamos hacia un modelo de trabajo cada vez más flexible, especializado e independiente donde los empleados tienen una mayor presencia, peso y responsabilidad en la toma decisiones, el comportamiento ejemplar de un líder es aún si cabe más necesario porque sus empleados serán los que, en muchas ocasiones, tomen el relevo, dirijan sus propios proyectos e, incluso, pongan voz a la empresa respaldados por medios digitales. Además, el escenario sobre el que trabajen será cada vez más complejo y confuso porque sus fronteras se desdibujan y se encuentra en plena transformación digital.

Liderar e inspirar a través del ejemplo

Hacia un liderazgo ético

Aunque a veces se contemple con escepticismo al superior, liderar no es una tarea sencilla. Los directivos suelen están sometidos a mucho estrés, tienen grandes responsabilidades y son los encargados de medir riesgos, afrontar sus consecuencias y buscar soluciones a los posibles problemas. Mientras tanto, son analizados al detalle por sus competidores, socios, clientes, accionistas y, también, por sus trabajadores. Fallar en algún aspecto será por lo tanto fácil, pues es también algo muy humano. Serán precisamente su compromiso ético y sus valores los que les salven de caer en malas conductas.

Sin embargo, los directivos no están solos, se pueden apoyar en los propios empleados, pues el gran potencial de las empresas reside precisamente en las personas que integran estas. Una organización que escuche a sus empleados será capaz de resolver mejor sus dudas, conocer sus problemas y detectar también sus posibles malas conductas. En algunos casos, los trabajadores tienen miedo de comunicar a sus superiores qué esta pasando por la inquietud que tienen acerca de recibir posibles represalias por parte de sus compañeros o algunas veces también por parte de sus propios jefes. En un entorno abierto donde la comunicación es libre y bidireccional es más difícil que esta información se oculte o pase desapercibida.

Las estrategias que se adopten también marcarán el comportamiento de los empleados. Si se quiere evitar que el ambiente en una organización se enrarezca y la organización acabe adquiriendo hábitos poco éticos, será crucial trabajar la cultura de valores y evitar prácticas corporativas como la excesiva presión sobre objetivos sin tener cuenta al empleado, el fomento de la competitividad desde valores negativos, la continua recriminación del fallo, la fijación de propósitos contradictorios o el tratamiento “deshumanizado” de los miembros de la organización. Por otro lado, fomentar la igualdad, el respeto, el trabajo en equipo, la honestidad, el reconocimiento, la fraternidad, la solidaridad y la lealtad entre compañeros, pueden tener una gran recompensa, no solo en términos empresariales como el bienestar laboral, la buena reputación de la compañía o el incremento de la productividad y felicidad dentro de ella, también abre el camino hacia la construcción de una sociedad más equilibrada, cívica, libre, sostenible, justa y cimentada sobre el principio del bien común.

En CEU IAM Business School, consideramos que los líderes del mundo empresarial no pueden dejar de lado ni los valores ni el compromiso ético. Hemos diseñado precisamente nuestro Global MBA orientado a formar a aquellos que lideren los proyectos empresariales del mañana en un entorno digital y global, marcado por el constante cambio, de tal forma que sean capaces de hacerlo también con un profundo sentido ético de los negocios.