Los códigos éticos y su razón de ser

Los códigos éticos y su razón de ser

Lunes, 4 marzo 2019 | Redacción CEU

La RSC se ha puesto de moda. Estas siglas son algo más que una simple propuesta, son un compromiso con la sociedad. En los últimos años, el entorno empresarial ha empezado a tomar consciencia de lo importante que es cuidar de aquello que lo rodea. Solo atendiendo en la misma medida a la vida interna de la empresa como a la externa es capaz la compañía de responder a los retos corporativos, sociales y medioambientales que tiene por delante. Muchas firmas han entendido que como parte de una estrategia de responsabilidad social corporativa necesitan elaborar su propio marco ético. ¿Qué son los códigos éticos? ¿Para qué sirven? ¿Qué garantías hay de que se cumplan?

 

El informe Expectativas y Tendencias en la Empresa Española en 2019, elaborado por la firma global de servicios profesionales BDO, concluye que el 75% de las compañías españolas ya han implementado un código ético como pauta general para guiar las decisiones que adoptan. Este estudio ha recogido las opiniones de más de 300 ejecutivos de empresas con más de 100 empleados. Cabe señalar que las firmas analizadas, aunque con un grado de implementación menor, también han apostado por planes de eficiencia energética (73%), de responsabilidad corporativa (69%), de sostenibilidad (68%), de políticas anticorrupción y de lucha contra el fraude (66%).

¿Para qué sirve un código ético?

Aunque no conste por escrito, las compañías se guían siempre por una serie de principios, valores, normas éticas y modelos de conducta que son esenciales, pues dirigen su actividad empresarial. Como expone el estudio de BDO, muchas veces las empresas deciden crear un código ético propio en el que estos fundamentos queden reflejados. Esta acción tiene como objetivo que todos los empleados de la compañía puedan acceder a ellos y logren de esa forma compartir las mismas metas y fórmulas para alcanzarlas. Los códigos éticos son una especie de hoja de ruta que describen el comportamiento deseado de los integrantes de una organización. En otras palabras, un código ético recoge lo que la empresa espera de los profesionales que trabajan en ella.

El cumplimiento de los códigos éticos no está ligado a un imperativo legal. Estos no deben, por lo tanto, recoger aquello que la norma ya regula, sino otros aspectos que se quedan fuera de ella y que la pueden completar. Dicho esto, puede parecer que los códigos éticos sirven simplemente como una simple declaración de intenciones, pero su implementación real puede favorecer los siguientes aspectos:

  • El impulso y apoyo del cumplimiento normativo de las compañías
  • Una toma de decisiones ágil y sencilla
  • La resolución de los posibles conflictos y dilemas que surgen en el día a día
  • El conocimiento de las diferentes pautas de conducta: qué acciones están prohibidas, cuáles son los comportamientos más adecuados ante ciertas situaciones, qué espera la empresa del empleado,...
  • La fijación de unos criterios imparciales que ayuden a los miembros de la compañía a desempeñar su trabajo con seguridad y sin incertidumbre
  • El impulso de la confianza entre la población y, por tanto, de una buena reputación de marca
  • La captación de clientes, empleados, inversores, distribuidores,...
  • La promoción de un clima de satisfacción laboral y la fidelización de los miembros de la empresa

 

Los códigos éticos y su razón de ser

Un compromiso real

Por norma general, el cumplimiento de los códigos éticos no está sujeto a una verificación externa. No obstante, cuando tanto los directivos como los empleados pasan a formar parte de la empresa aceptan el compromiso moral de cumplir con su correspondiente código de ética. Del mismo modo, la compañía asume la responsabilidad de velar por el cumplimiento de los modelos de conducta y los valores recogidos en su marco ético; siendo, eso sí, ella misma la propia encargada de responder a esta misión, es decir, de autorregularse.

El cumplimiento efectivo del código ético es el gran reto de estas compañías. Por un lado, pueden implementar mecanismos de refuerzo que ayuden a realizar un seguimiento y comprobar si la aplicación de este marco ético es real. En estos casos, pueden contar con la ayuda de equipos internos especializados y de auditorias externas a cargo de consultorías, ONGs o instituciones religiosas y académicas. Por otro lado, deben fomentar una cultura corporativa que encaje con el modelo propuesto. Si no lo hacen estarán caminando en dirección opuesta a su objetivo y será difícil que el marco ético planteado logre tomar cuerpo dentro de la empresa.

Los responsables últimos del cumplimiento de un código ético son los que ocupan una posición de ventaja sobre el resto. Es importante subrayar la idea de que los valores, principios y reglas de conducta defendidos en un código ético deben ser atendidos por todos los miembros de la empresa, no solo por una parte. El compromiso de aquellas personas que se encuentran en una posición jerárquica superior debe, si cabe, ser mayor. En ningún momento, se pueden aplicar con arbitrariedad los criterios expuestos en ellos. En ese caso, el marco ético perderá credibilidad y, en consecuencia, la confianza de los empleados y de la sociedad en general.

La elaboración de un código ético, en sí misma, no es garantía del cumplimiento de los valores y principios que recoge. Sí es un primer paso en la conciencia de responsabilidad social de las compañías. En CEU IAM Business School, somos conscientes de que los profesionales que tendrán que liderar sus negocios en un escenario global y cambiante deberán también contar con fuertes valores y un sentido de la ética profundo. Esa es una de las razones que nos ha llevado a diseñar nuestro International MBA: un programa que se desarrolla en Asia, Europa y Norteamérica y en el que participan profesionales de más de 30 países que representan a todos los continentes.

 

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