¿Qué estás dispuesto a compartir?

29-09-2017 | Redacción CEU

¡Compartamos! Es la premisa sobre la que se construye el concepto de economía colaborativa, aunque no todos miran con buenos ojos la supuesta fórmula distributiva. La popularización de servicios a través de plataformas como Uber, Blablacar, Airbnb o Wallapop ha hecho saltar a la palestra este nuevo modelo económico. La revolución colaborativa acapara los titulares de prensa, pero ¿sabemos en qué consiste realmente?, ¿es solo un nuevo modelo de negocio o todo un cambio de sistema?, ¿acabaremos compartiendo todo en el futuro?

 

Desde modelos sostenibles y ecológicos, como el arreglo de tu tostadora en un repair café por parte de un desconocido, hasta ingeniosos y prácticos sistemas, como el acuerdo a través de una plataforma con un viajero para que lleve en su maleta jamón, un regalo y la chaqueta, olvidada la Navidad pasada, a tu prima María, que vive en la otra punta del país. La economía colaborativa puede adoptar múltiples y variopintas formas, pero ¿qué se esconde bajo este concepto?

Sus retractores la consideran una práctica de competitividad agresiva bajo el disfraz de la benevolencia que pone en riesgo la viabilidad de sectores tradicionales –como el del taxi, uno de sus mayores críticos–. Sus abanderados creen que es una oportunidad tanto de negocio como de empoderamiento ciudadano –como los defensores de cooperativas por el bien común–. Justo o no, este nuevo modelo económico ha llegado con fuerza para quedarse, al menos por un tiempo. De momento, esta economía emergente mueve cerca de 28.000 millones de euros al año en Europa y representa el 1'4% del PIB español. Se prevé que en 2025 estas cifras se disparen e, incluso, se multipliquen.

Lo mío es tuyo y lo tuyo mío

Sus límites no están muy definidos y no hay un consenso claro en su definición. En líneas generales, todos parecen coincidir en que es un nuevo modelo económico que se basa en el intercambio de bienes o servicios entre particulares. Puede ser online u offline, pero con frecuencia se sustenta sobre plataformas digitales que ocupan el rol de intermediarios. Precisamente, la tecnología ha sido clave para su popularización y expansión.

La economía colaborativa aparece como respuesta innovadora a las deficiencias del mercado. En tiempos de crisis, el dinero era un bien aún más preciado y el gasto compartido una idea ingeniosa que permitía llegar mejor a fin de mes. Algunas empresas jóvenes se dieron cuenta de la oportunidad de negocio y comenzaron a trabajar en el desarrollo de plataformas de intercambio que promovieran esa economía compartida. Desde entonces, sus usuarios y clientes comparten coches, bicicletas, casas, wifi, muebles, trayectos, oficina, servicios profesionales, conocimientos y hasta paraguas.

Entre los principales tipos de economía colaborativa se pueden distinguir tres:

  1. La economía colaborativa pura: es una relación entre iguales, se comparten o intercambian servicios o bienes, por ejemplo, el  couchsurfing
  2. Entre usuario y profesional: el demandante no puede ofrecer un servicio similar o equivalente de vuelta, necesita  a alguien especializado
  3. De acceso compartido: el servicio o producto se oferta durante un tiempo determinado como el carsharing o el coworking
¿Qué estás dispuesto a compartir?

¿Qué pasa con los taxis?

El desarrollo de esta nueva modalidad económica ha tenido un fuerte impacto en el sector de la movilidad. En España, empresas como Uber o Blablacar traen de cabeza a sectores tradicionales como el del taxi. Los usuarios de este tipo de transporte se ven atrapados entre disputas acerca de ética y ahorro. Para unos, la llegada de estas fórmulas compartidas es un síntoma de liberación de un sector anclado en el pasado, para otros, una práctica que vulnera gravemente los principios de competitividad amparada bajo la farsa de un modelo más distributivo y democrático. De igual forma, el debate atraviesa otros territorios como hospedaje, turismo y sector hotelero, o pymes y plataformas de compra-venta.

Lo cierto es que, nos guste o no, el sistema económico avanza cada vez más hacia este tipo de sistemas colaborativos. Un ejemplo es que tras huelgas y denuncias, el sector del taxi en Madrid ha decidido reformular sus servicios para no verse eclipsado por este nuevo tipo de negocios compartidos. Acaban de anunciar el lanzamiento de una aplicación NTaxi que permite a sus usuarios compartir trayecto dentro de una misma ruta y abaratar costes. Estos sectores se ven obligados a resguardarse bajo la premisa "renovarse o morir" para tratar de competir en condiciones similares y no desaparecer. 

Las controversias del compartir

La proliferación de proyectos de este tipo y startups peer to peer han generado un acalorado debate sobre la transformación del escenario económico tradicional:

Regulación y legislación

El impulso de esta economía compartida suele ser más veloz que la legislación que lo acompaña. El marco regulatorio no siempre contempla las especificidades que desarrollan estas nuevas iniciativas. Los tribunales se llenan de reclamaciones de los sectores afectados por la actividad de las empresas de economía colaborativa. Y en muchos casos, existe un vacío legal que puede amparar un desarrollo descompensado de las empresas que trabajan con esta modalidad.

Complejidad del servicio

Para que un negocio de economía colaborativa sea rentable, en muchas ocasiones comienza ofertándose como gratuito. Los usuarios se acostumbran a ello y no quieren pagar posteriormente por él. Por otro lado, los intermediarios tienen que enfrentar un doble reto: captar tanto la demanda como la oferta. Además, en terrenos innovadores como suelen ser aquellos sobre los que trabajan este tipo de negocios, la legislación puede ser ambigua y hay riesgos –un ejemplo podría ser el caso de Factoo–.

Economía sumergida y transparencia

La transparencia de los negocios colaborativos está en entredicho. Algunas empresas reciben críticas acerca de la no fiscalización de los servicios que los profesionales ofrecen en ellos o se pone en cuestión su propia tributación en paraísos fiscales.

Condiciones laborales

Los profesionales que ofertan servicios a través de estas plataformas suelen verse amparados por una protección social escasa. La libertad e independencia que ganan por un lado, se pierde en seguridad laboral por otro. Este es el fenómeno conocido como "economía gig".

¿Es el camino a un mundo mejor?

Mientras que para unos, este modelo evidencia un cambio hacia un sistema en el que el centro de todo son las personas y la adecuación de los servicios a sus necesidades particulares –el futuro del bien común–. Otros muestran un planteamiento mucho menos optimista y apuntan a que siguen siendo los intereses de las grandes compañías los que marcan la economía, como defiende, por ejemplo, el ensayista Tom Slee en su libro Lo tuyo es mío.

Todo apunta a que en los próximos años el modelo colaborativo se impondrá con más fuerza en nuestra sociedad. Esta es una gran oportunidad de progreso e innovación, pero, para que este sea sostenible y positivo, es indispensable el trabajo en el cumplimiento y desarrollo de un marco regulatorio, el incremento de los derechos laborales, la protección de las personas que utilicen estos medios, la sana competencia y la transparencia fiscal. En el futuro del ¡compartamos!, ¿qué estás dispuesto a compartir?